Artículo de Berna Calvit, muy bueno.

La Prensa

Opinión

MATERIA POLÍTICA

Cuando la ignorancia es cuento

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

27/01/2014 – La ignorancia a veces es genuina, otras veces es fingida, cuento. Puede ser inocua, pero también dañina. Se disfraza de tantas maneras que a veces es difícil identificarla. La conmemoración de los 50 años de la heroica gesta del 9 de enero de 1964 atizó la polémica que surgió hace dos años cuando la Asamblea Nacional aprobó, en 15 minutos, eliminar la cátedra (o materia) escolar “Historia de las Relaciones de Panamá con los Estados Unidos”.
El artículo 8A de la nueva ley divide la asignatura Historia de Panamá en cuatro períodos; el período republicano en dos áreas temáticas, Historia departamental e Historia republicana. No sé si para evitar lo relativo a nuestras luchas para recuperar nuestra soberanía en la zona del Canal hayan sido capaces hasta de haber considerado cubrir la historia de Panamá solo hasta el 2 de noviembre de 1903 y brincar hasta 2009 por aquello de “más en 4 que en 40”.
La antipatriótica iniciativa legislativa, impulsada por la diputada Dalia Bernal de Cambio Democrático (CD), convirtió en difunta la Ley 31 del 29 de enero de 1963.
Leí, con asombro, en la exposición de motivos de la diputada Bernal, que recomiendo leer, quela Universidad de Panamá (¿será posible?) a través de la Comisión de Reformas de los programas de historia de Panamá aprobó “actualizar la historia de Panamá…”. Al preguntar un periodista al Presidente, durante un acto de conmemoración del 9 de enero, sobre el “ajuste” en la ley, expresó su acuerdo con el “historicidio”, porque “lo único que hace es seguir creando tensiones”. ¿Se habrá eliminado de la historia de Estados Unidos, –para complacer a los estadounidenses que resintieron (y siguen resintiendo)– que Panamá, este minúsculo país en tamaño, logró recuperar todo lo que estuvo bajo la autoridad estadounidense hasta la firma de los Tratados Torrijos-Carter? En este sentido son ignorantes los que aprobaron este adefesio “para que se ajuste a nuestra realidad”.
¿Cuál realidad? ¿Qué porque ahora somos dueños de todo el territorio nacional pierde valor el triunfo que tanto costó alcanzar? ¿Borraría Estados Unidos su lucha de independencia contra Inglaterra para no “crear tensiones” con los ingleses? Claro que no. Se dice que los hechos históricos se manipulan según convenga pero, sin necesidad de ser historiadora, los argumentos para el “historicidio” los considero ignorancia mayúscula y dañina para la dignidad y la historia de nuestro país.
En Davos, el Presidente habló sobre reformar la Constitución “porque es de corte militarista” y acortar el período de reelección; sorprendida por lo del “corte militarista”, consulté a varios juristas distinguidos que me confirmaron que las reformas a las que fue sometida la Constitución eliminaron lo que de militarista tenía. ¿Es genuina la ignorancia presidencial en este aspecto? Si lo es o no, dejó de tener importancia porque lo importante es que confirma que cambiar la Constitución está en su agenda por razones obvias que explican el abierto apoyo, hasta con recursos estatales, al candidato oficial y a los candidatos oficialistas; el triunfo permitiría modificar la Constitución para que el presidente actual aspire nuevamente a la presidencia en 2019 que, con una asamblea sumisa y mayoritaria, sería “bisté de dos vueltas”.
Ser político y miembro activo de algún partido, y ser ciudadano independiente “sin hacha que amolar”, interesado en los hechos que determinan el rumbo de su país son dos cosas muy diferentes. Esa diferencia que no la entienden, o no les conviene aceptar los que rechazan las críticas adversas de los ciudadanos independientes la descalifican encasillándolos en algún partido de oposición. Y se equivocan. Los derechos ciudadanos nos dan derecho a opinar sobre las políticas del Estado, los políticos en el poder y sobre los que aspiran a ganarlo. Entre las lecturas que me sirven para darle forma a mis pensamientos, estas palabras del famoso dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht refuerzan mi convicción de que todo buen ciudadano debe interesarse en la política: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las alubias (porotos, en Panamá), el pan, la harina, el vestido, el zapato y los remedios, dependen de las decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto…”.
Hay ignorantes inofensivos; algunos lo son en algunos aspectos, generalmente por falta de educación. Pero también hay ignorantes peligrosos. Y como agravante, que con poder, a pesar de los estragos que causan se riegan como la mala hierba, porque encuentran tierra fértil en el analfabetismo político al que conducen el desengaño repetido, las promesas incumplidas. Hoy es el gobierno actual el que motiva mi escrito. Ayer pensé igual que hoy, y mañana, si sigo por estos lares, mi forma de pensar será la misma porque, aunque ignorante de muchas cosas, elijo no ser analfabeta política. Y porque creo, como Confucio, que “Ningún hombre debería tratar de obtener beneficio a costa de la ignorancia de otra persona”.

Artículo recomendado. Me encanta esta bloguera!

“No te deseo ningún mal pero ojalá seas la amiga sin Whatsapp”*

Por: Karelia Vázquez | 16 de enero de 2014

SinWhatsapp2

© Gloria Rodríguez

Hace muchos años me apunté a este grupo de Facebook y ahora como si de una profecía se tratase me he convertido de la noche a la mañana en “la amiga sin Whatsapp. La única. The only one.

Quedarse sin Whatsapp es caer en desgracia. De repente dejas de existir, te pierdes en el limbo en el que flota la gente sin Whatsapp. Sí, ese limbo existe. Llevo diez días ahí -no es un experimento Antigurú aunque algunos así lo crean-, es que finalmente me han robado el teléfono. Tengo Ipad, ordenador, estoy en Facebook, en Twitter, enInstagram, pero todo da igual. Sin móvil no hay Whatsapp.

He intentado ponerme en modo Zen, mística y espiritual, para disfrutar de las ventajas que algunos encuentran en el silencio que lo acompaña a uno a todas partes cuando renuncia -o las circunstancias le hacen renunciar- a la mensajería instantánea, y la verdad, hasta hoy no las he encontrado. No percibo el cielo más azul, no escucho cantar a los pájaros, tampoco disfruto como nunca antes de los pequeños detalles de la vida. Para qué nos vamos a engañar, ahora mismo mataría por tener el síndrome de la vibración fantasma(esa falsa sensación de que te está entrando un mensaje).

Y no es que tenga mono de Whatsapp. Eso nunca. Sino que como cualquier ser humano soy un animal social, y mi vida social, como la de muchos homo sapiens de la primera década del siglo XXI que habita el mundo occidental transcurre enWhatsapp. Ya no es suficiente con estar conectado a Internet. Necesitamos un sistema de mensajería instantánea gratuito (o casi) donde también estén todos tus amigos, conocidos y enemigos (o casi).

Así que me he dedicado a documentar lo que ha quedado de mi vida social después del naufragio. A saber:

  • Pertenecía de un modo activo y con mayor o menor orgullo a unos seis grupos de Whatsapp con los que interactuaba como promedio tres veces por semana con períodos intermedios de latencia. Me consta que siguen vivos, que durante mi ausencia se siguen dirimiendo asuntos en esas asambleas, pero ignoro lo que se cuece en ellos. Nadie parece recordar que algún día estuve allí. Nadie siente la necesidad de consultarme nada. Simplemente no estoy.
  • Solía hablar con unos diez amigos de modo individual a lo largo de la semana gracias a Whatsapp. De todos ellos, he vuelto a reanudar la conversación con uno por el chat de Gmail, con otra por mensajes de correo electrónico, con una tercera por mensajes privados de Facebook, con otra por mensajes públicos en el muro de idem, y con un otro par -¡paren rotativas!- por llamadas al teléfono fijo (lo cual supone una muestra infinita de amor). Así que mis interacciones sociales más inmediatas se han visto reducidas en un 40% en diez días sin Whatsapp. Eso sí, he de reconocer que el otro 60% ha dado muestras de tesón y creatividad por mantener el contacto.
  • Mis conversaciones sin Whatsapp son cortas y se refieren a temas concretos. De hecho no las definiría como conversaciones, son contactos. Se ha acabado la cháchara virtual. Fuera de Whatsapp la gente es increíblemente eficaz y productiva, y va a lo suyo.
  • No he vuelto a utilizar un emoji. Yo no lo he enviado por razones obvias y nadie me lo ha enviado a mi. Los emojis son los comodines de la comunicación no verbal. Sin ellos estamos perdidos. No hay nada que sustituya al guiño ni a la flamenca de Whatsapp, ninguna palabra puede expresar en su totalidad el significado de la mierda con ojos. Sin emojis estamos más solos que la una, ya lo decía esta señora, Mimi Ito, antropologa cultural de la Universidad de California: “La gran ventajade los emojis es su indefinición. Un emoji no significa nada en concreto pero significa todo, es como el saludo de un amigo desde la acera de enfrente. No tienen otra misión que dar una sensación de acompañamiento virtual continuo en el que nos sentimos cómodos y seguros”.
  • Además en las dos semanas que llevamos de año ya me he quedado fuera de varias conversaciones analógicas que eran la continuación de otras que nacieron y crecieron en Whatsapp, y de las cuales lo ignoro todo. Sí, lo que pasa en Whatsapp se queda en Whatsapp.

Algunos expertos anglosajones que se mueven entre el mundo de las redes sociales y la autoayuda hablan de los lazy contacts (los contactos que no requieren mucho esfuerzo) y animan a que las relaciones, sobre todo las sentimentales, se construyan sobre una base más sólida. Es decir, que no se mantengan mucho tiempo en un territorio tan cómodo y protegido para todas las partes. Como lazy communications clasifican la mensajería instantánea como Whatsapp, los chats, los SMS, los likes en Facebook … y en general cualquier contacto que no requiera dar la cara, permita cierto grado de ambigüedad y, llegado el caso, emprender una retirada más o menos segura. Aquí os dejo un post del blog Baggage Reclaim que cuenta cómo hacer una dieta de este tipo de contactos. (en Inglés)

No es que crea que haya que bajar a la mina para que el contacto con otra persona tenga valor, pero cuando se está en peligro de exclusión social, y cuando uno no tieneWhatsapp lo está, valora mucho que alguien decida salirse de la corriente y buscarse la vida para comprobar si el otro aún mantiene en orden sus constantes vitales.

Y si al lector que haya llegado hasta aquí le pueda parecer que tengo una relación patológica con la aplicación llamada Whatsapp les dejo varios estudios que aseguran aquíaquí que no hay nada malo en mantener el 50% de la vida social en servicios de mensajería instantánea. No alteran la vida analógica, y ¡ojo! son útiles para no perder el tiempo con el teléfono.

Y aunque al hecho de no tener Whatsapp podría buscarle un giro esnob, algo que me haría parecer una persona interesante y con un intenso mundo interior, yo solo quiero volver a tener un teléfono con Whatsapp porque sí, no sé vivir sin Whatsapp, y porque como tantos otros en este país también recuerdo aquel día como uno de los más angustiosos de mi vida:

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* “No te deseo ningún mal pero ojalá seas la amiga sin Whatsapp” es un grupo de Facebook.

POSDATA: Amigo sin Whatsapp, Amigo caro (Proverbio chino).

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