Chanel lleva la playa a París y se rinde a las tendencias mileanials

 

Un paseo por la playa, con los pies descalzos y el pelo suelto, fue la propuesta de Chanel para su colección primavera-verano 2019, que presentó hoy en el Grand Palais de París transformado en un caribeño paisaje paradisiaco.

El diseñador Karl Lagerfeld sucumbió a una cierta naturalidad en los estilismos, poco frecuente en sus colecciones, pese a los imprescindibles trajes en tweed y vestidos de lentejuelas que combinó con sandalias planas de piel y PVC transparente con el logo de la casa, que las modelos llevaron agarradas en la mano.

De ahí que las tops, entre las que se encontraron Kaia Gerber, Lia Pavlova, Edie Campbell, Adut Akech o Vittoria Ceretti, pudieran incluso caminar por la orilla de la playa que Chanel creó expresamente para la ocasión, reconstruyendo incluso la arena, la espuma y el sonido de las olas.

Un enorme lienzo recreaba un paisaje de acantilados en el horizonte para recordar uno de los lugares favoritos de Coco Chanel, que abrió sus primeras tiendas en las costeras Deauville y Biarritz, y pasaba buena parte del año en “La Pausa”, su villa de Roquebrune-Cap-Martin, en la costa del sudeste francés.

El desfile arrancó con dos estilismos clásicos en color hueso y en beige, compuestos por falda a media pierna, chaqueta larga marcada en la cintura con un cinturón de piel y, como apuesta en accesorios de la temporada, dos versiones en mini del bolso acolchado 2.55 con cadena de perlas, que se llevaron cruzados.

En la eterna renovación del traje tweed, uno lo de los iconos de Coco Chanel que más fronteras y décadas ha traspasado, Lagerfeld propuso abrir las faldas en los laterales para facilitar el movimiento.

A partir de ahí, el alemán se permitió algunos golpes de tendencias, como mallas negras a media pierna (los míticos “leggings” desterrados hace años al cajón de la ropa deportiva), que combinó con amplísimas chaquetas masculinas de corte recto, y un modelo más corto de malla a la altura del muslo, tipo ciclista.

En este último día de desfiles de París, solo faltaba Chanel por incluir esta prenda y confirmar que la equipación de ciclista será la tendencia a incorporar en el armario de cualquier amante de la moda el próximo verano.

Virgil Abloh, el nuevo gurú de la industria que dirige desde este año las colecciones masculinas de Louis Vuitton, incluyó las mallas en su marca Off-White, en la línea primavera-verano 2018, y, después de un prematuro éxito, los grandes nombres de París, Milán, Londres y Nueva York se han subido al carro.

En Chanel, además de las mallas y el bolso acolchado cruzado, se vieron otras prometedoras tendencias juveniles, como los sombreros y gorras de paja con ala ancha, tirantes a base de piedrecitas de mar, pantalones vaqueros caídos, más bien masculinos.

El mini acolchado de cuero también se llevó como riñonera en un estilismo bastante “vintage”, con rebecas de punto cortas marcadas con el logo en el pecho y maxipendientes con letras en los que también podía leerse Chanel a base de cristales y pedrería.

En la paleta de colores dominaron el crudo y el negro, que impregnó los vestidos de noche a base de organza, seda y lentejuelas, y el camel para conjuntos de falda y top en punto, o el color verde mar, amarillo y rosa pastel.

La “maison”, fundada en París en 1910, incluyó un estampado inspirado en las clásicas sombrillas playeras a rayas, que a base de repetirse en vestidos y chaquetas, parecía convertirse en flores de camelia, uno de los símbolos de Chanel.

El amplio tamaño de la instalación permitió acoger a miles de invitados y ampliar la primera fila, en la que no faltaron las incondicionales de Lagerfeld, como las modelos Inès de la Fressange y Caroline Maigret, la cantante Vanessa Paradis, el músico Pharrell Williams con su mujer, Helen Lasichanh, y la actriz Pamela Anderson.

Tras un carrusel final con las modelos paseando de nuevo de la mano por la orilla, Lagerfeld salió a saludar acompañado en esta ocasión de su número dos, Virginie Viard, directora del estudio de la firma. EFE

 

Chanel elige a la modelo refugiada en su nueva campaña

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La nueva campaña de Chanel para la precolección otoño-invierno 2018/2019, lanzada hoy, tiene como protagonista a la modelo refugiada sursudanesa Adut Akech, que se convierte en una de las nuevas representantes de la “maison” tras haber abierto y cerrado sus dos últimos desfiles.


Akech fue a principios de este mes la segunda modelo negra que vistió un vestido de novia en la pasarela de la firma, diseño emblemático que suele cerrar las presentaciones de Costura, y también abrió el “show” Crucero, en mayo de este año.
La “top model”, que debutó en Saint Laurent en septiembre de 2016 y desfiló en exclusiva para la firma durante dos temporadas antes de alcanzar mayor fama, aparece en la publicidad de Chanel, fotografiada por el diseñador Karl Lagerfeld, con un vestido negro marcado bajo el pecho con cinturón y logo de la casa.
Nacida en 1999 en lo que ahora es Sudán del Sur (independiente de Sudán desde 2001), pasó su infancia en el campo de refugiados de Kakuma, en Kenia, y con seis años se trasladó junto a su familia a Australia, adonde llegaron sin apenas posesiones.
Akech, implicada en la lucha contra las armas de fuego, reivindicó su condición de refugiada cuando un programa de televisión recibió críticas en Australia por retratarla como tal.
“Soy una refugiada, es lo que soy y no me avergüenzo ni me enfado por ello. Sí, soy una ciudadana australiana y soy una sursudanesa australiana, pero sigo siendo una refugiada”, dijo en una entrevista en el diario británico “The Guardian” en 2017.
Tras el desfile de julio, la modelo mandó un mensaje en su cuenta de Instagram animando a sus seguidores a mantenerse en pie ante la adversidad.
“Poco importa de dónde vengáis o a dónde vayáis. No perdáis la pasión ni la perseverancia y, sobre todo, no abandonéis nunca porque acabaréis consiguiendo vuestro sueño”, escribió.
En las nuevas imágenes de Chanel, Lagerfeld la seleccionó para representar una línea que encarna “la sobriedad y la elegancia atemporal” y celebrar la “elegancia y modernidad” de la firma. La colección llegará a las tiendas a finales de este mes.

 

“La Alta Costura es París”, Lagerfeld

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COLECCIÓN ALTA COSTURA OTOÑO-INVIERNO 2018/19

Muy ligado a la ciudad capital, Karl Lagerfeld rinde homenaje a un París literario, el de los amantes de los libros y de la Academia Francesa. Cruzando el domo del Instituto Francés, una decoración de la ribera del Siena decorado con las famosas “cajas” de vendedores de libros. Una invitación para caminar aceptada libremente por las parisinas CHANEL que llevan botines doblados y están peinadas de manera traviesa con crestas estilo “Rockabilly” y colas.

El París otoñal inspira la paleta de colores de la temporada: el gris pálido de los techos, la antracita del asfalto de la calle, el negro y azul profundo y nocturno, y el dorado y plateado del reflejo de la luna sobre el Siena. El rosado pálido del amanecer, el blanco y beige de una mañana nublada, el verde almendra de los techos de los edificios históricos, todos refuerzan el gentil panorama. En este París sublime, los bordados de cristalería están alineados como adoquines, y los tulles bordados con dorado que ilustran los candados en el Puente de las Artes, suenan como una declaración de amor de una ciudad de moda y cultura a un profundo patrimonio histórico.

2017 verde que te quiero verde

El Instituto del Color Pantone ha decidido que el verde teñirá el año 2017. La “autoridad global del color” -como ellos mismos se denominan- ha anunciado que el Pantone 15-0343 (este tono verdoso) dominará en las colecciones de moda y en la decoración.

Su nombre coloquial es ‘greenery’ y evoca al verde de la hierba y de los árboles con un ligero tinte amarillo. Este Pantone ha sido escogido para reflejar el sentir actual del mundo, tal y como han declarado los representantes de la organización.

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Marsala: color para el 2015

Como todos los años, desde 2001, Pantone ha anunciado el color que predominará en el 2015. El PANTONE 18-3224 Marsala está inspirado en la tierra y el vino siciliano.

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De acuerdo a Leatrice Eiseman, directora ejecutiva del Pantone Color Institute, el color Marsala es carismático y de buen gusto:

“Mientras que el cautivador PANTONE 18-3224 Orquídea Radiante, el color del año 2014, alentaba la creatividad y la innovación, Marsala enriquece nuestra mente, cuerpo y alma, rebosando confianza y estabilidad.

Al igual que el vino fortificado que da nombre al Marsala, su matiz de buen gusto encarna la riqueza satisfactoria de una comida saciante, a la vez que sus raíces de color marrón rojizo emanan una terrenidad sofisticada y neutral. Este tono cordial pero con estilo es universalmente atractivo y se puede llevar fácilmente a la moda, la belleza, el diseño, el mobiliario del hogar o el interiorismo”

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Paris by Chanel

It all began in rue Cambon, first at N°21 where Gabrielle Chanel opened her millinery shop in 1910, and then at N°31, the address of a lifetime.
Number 31 is home to the salons where Gabrielle Chanel would present her collections, the ateliers where the seamstresses fashioned her designs, the legendary mirror-lined staircase and even her apartment. And still today the myth continues on. It’s here at this very address and in the same Studio that Karl Lagerfeld continues to design his collections for CHANEL. These days the elegant understated salons restyled by the designer, welcome the celebrities and Haute Couture clients who come for their fittings. The staircase is still there and the ateliers continue to bring the design sketches to life.

Then it’s on to the Ritz, where Gabrielle Chanel took up residence in 1937 and remained until her death. From the dining room which looks on rue Cambon she could see customers on their way to her boutique. Her suite overlooks place Vendôme, whose octagonal shape inspired her for the stopper of the N°5 perfume bottle. Today, the House of CHANEL’s Fine Jewellery and Watches is installed at N°18 place Vendôme.

Next comes the Grand Palais, the theatrical backdrop to the CHANEL runway shows. Beneath its gigantic nave, Karl Lagerfeld’s collections offer a moment of dreams, season after season.

From Gabrielle Chanel to Karl Lagerfeld, discover these mythical addresses which have forged the legend of the House and where the story of CHANEL continues to be written today.

Paridad en el planeta Lego

Ladrillos rosas, ladrillos azules

Lego lanza una nueva línea de figurines de mujeres científicas tras ser criticado por sexismo

Las nuevas figuras de Lego son mujeres científicas.

Una paleontóloga, una química y una astrónoma. Todas ellas, con sus laboratorios y equipo de investigación, no levantan más de cinco centímetros del suelo. Son las tres novísimas científicas de Lego, un set de muñecos —diseñados por la científica sueca Ellen Kooijman— con el que la compañía quiere cambiar la imagen de empresa sexista que se ha ganado en este 2014. La compañía danesa, que se había destacado desde su fundación en 1934 por tratar al niño como niñ@, lleva un año negro con ataques a sus películas, sus juguetes y especialmente a su línea exclusiva para chicas.

Todo empezó con una carta enviada a la compañía por una niña de siete años el pasado mes de febrero. Charlotte Benjamin se quejaba de que “hay muchos chicos Lego y apenas chicas Lego”, argumentando además que estas muñecas “solo se dedican a estar en casa, ir a la playa y que no tienen trabajos, pero los chicos viven aventuras, trabajan, salvan a gente… incluso nadan con tiburones”. La carta se retuiteó miles de veces y saltó a medios como The Guardian. Incluso inició una petición en la web Change.org que llegó a contar con más de 40.000 firmas para cambiar esta situación. Y cabe comentar que esta nueva línea de juguetes no es una idea original de Lego, sino que nace de la científica Kooijman que envió a la web de la juguetera Lego Ideas su proyecto.

Este año una niña

de siete años protestó

por carta a Lego

Este curso, Lego ha cumplido 40 años en España y convocó para celebrarlo por primera vez una rueda de prensa. Entre el vaivén promocional hubo ocasión para tocar este espinoso tema. César Ridruejo, director general de Lego Iberia, se parapetó tras un estudio de mercado: “Es verdad que antes Lego era más unisex. Estábamos perdiendo una cuota de mercado. Se hicieron muchos estudios antes de sacar Lego Friends”. Estudios que consistieron en seguir en el día a día a las niñas de familias americanas y europeas. Las conclusiones respecto a sus gustos, según Ridruejo: “La amistad, las mascotas y, sobre todo, los detalles, por encima de la construcción”.

Y sin embargo, en su mismo campo, una compañía sueca les quitó la razón. Mojang, autores del tercer videojuego más vendido de la historia,Minecraft (más de 54 millones de copias), devolvieron en el mundo virtual la esencia de esta línea de juguetes. La construcción pura y dura. El usuario tiene como único objetivo construir, demostrar su creatividad. Y eso ha explotado en que jugadores de ambos sexos intentan erigir sus capillas sixtinas para asombro de los internautas. A pesar de que las mujeres pioneras en jugar al Minecraft hayan sufrido el acoso de los usuarios varones, las visitas a la web Minecraft.net, que acumula 7 millones cada mes, revelan un dato esencial: el 58% son mujeres, según cálculos de Google.

Anuncio de Lego de 1981.

Basta una visita virtual a la tienda de Lego Friends, la línea exclusiva de chicas, para ver que esta pasión por el ingenio que Minecraft tomó de Lego ha dejado paso a otros mensajes. Esta web desvela los siguientes eslóganes: “Es un caluroso día y eres la camarera de la cafetería. ¡Asegúrate de tomar buena nota de las órdenes para ganar puntos!”, “¡Conviértete en la mejor estilista en el famoso salón de belleza Mariposa!”, “¡Cambia la imagen de las amigas de Lego Friends para que se parezcan entre sí!”. Aunque la compañía recuerda que también existe en Friends una chica científica con su laboratorio. Pero admite que hay muchas menos profesiones y que el enfoque no está en la construcción. Su director general en España justifica esta estrategia con el éxito: “Creo que hemos dado bastante en el clavo. La línea Lego Friends está creciendo de manera importante”.

La preocupación por este mensaje en las áreas más aparentemente ligeras de la vida, las del ocio, está viviendo un gran auge. En los videojuegos, la primera industria cultural del mundo en facturación, críticas culturales como la canadiense Anita Sarkeesian (Ontario, 1984) desgranan desde YouTube para audiencias millonarias los estereotipos machistas en el medio; y también los de Lego, a la que ha dedicado dos programas. Marvel y DC se han puesto las pilas para crear mujeres alejadas de ese sueño húmedo de adolescentes varones que han plagado las viñetas de superhéroes: y así ha nacido el Thor mujer o la rediseñada Bat-Girl. Y webs como Reel Girl —fundada por la articulista de CNN o Fox News Margot Magowan y con un eslogan pegadizo: “Imaginando la igualdad en el mundo fantástico”— se dedican a rastrear en el género de moda en la cultura, el fantástico, todos los tópicos machistas que plagan cualquier obra, como, por ejemplo, la película de Lego, un éxito que recaudó casi 350 millones de euros con un presupuesto de menos de 45.

La división española reconoce

que los juguetes de la compañía

danesa eran antes más unisex

Pero lo curioso es que todo este debate no hubiera salpicado al titán danés hace tres décadas. Salto en el tiempo a 1981. Rachel Giordano, una modelo infantil de anuncios norteamericana, posaba con vaqueros y camiseta en un anuncio con el titular: Lo que es eshermoso (What it is is beautiful). En él se leía este eslogan: “Los kit universales de construcción Lego ayudarán a tus niños a descubrir algo muy, muy especial: a sí mismos”. La web Womenyoushouldknow entrevistó a Giordano, ahora una médica de 37 años, y la exmodelo lo tiene claro: “Los niños no han cambiado, pero los adultos que los buscan como clientes sí lo han hecho… ¿Qué tenemos que perder, amén de los estereotipos?”. Luego, al preguntarle a Ridruejo, director general de Lego España, por el tópico rosa-azul usado para diferenciar la línea Friends, responde: “No es exactamente rosa, es morado”.

La estética Yayoi Kusama

Entre todos los universos creativos de la artista viva más valorada del planeta, la moda ocupó gran parte de su obsesiva búsqueda vital.

Yayoi Kusama
Olvidada por el stablishment del arte durante más de dos décadas, la azarosa vida de Yayoi Kusama podría servir de modelo a una de esas películas basadas en hechos reales. No en vano su autobiografía, La red infinita (2011), aún no traducida al español, es un superventas en Japón. Pintora, escultora, instaladora, cineasta, performer, poeta, novelista y diseñadora de moda, la autodenominada «princesa de los lunares» es la artista viva más valorada del planeta. Si a finales de los 90 la galerista Paula Cooper conseguía, en una tienda de despojos neoyorquina, una de sus esculturas-silla cubiertas de furúnculos fálicos por unos 250 dólares, una década después sus lienzos se subastaban en Christie’s por algo más de cinco millones. Otra anécdota más para la historia de esosoutsiders que pasan de la marginalidad al reconocimiento mundial.

Un cargamento de quimonos fue de lo poco que se llevó a Nueva York cuando, quizá debido a su contumaz deseo de convertirse en una estrella internacional, aterrizó allí con 27 años. Era 1958, y no pudo elegir fecha mejor. La ciudad bullía en creatividad: el expresionismo abstracto deslumbraba al mundo, y fermentaban otros movimientos como el minimalismo, el pop, el op-art, el arte conceptual y hasta el fluxus.

Yayoi Kusama

Su obra Flower Overcoat (1962).

Foto: Steve Eichner / WWD

Yayoi estaba en el epicentro de la movida. Y lo aprovechó. Ayudada por la pintora Georgia O’Keeffe, con la que mantenía una relación epistolar, pronto se hizo un hueco en la escena, exponiendo y relacionándose de cerca con un nutrido grupo de grandes artistas: Warhol, Donald Judd, Eva Hesse, Claes Oldenburg, On Kawara… La pequeña y frágil muchacha oriental supo destacar desde su llegada. Su primer contacto consciente con la moda fue intervenir sus quimonos con sus característicos lunares, y vestirlos en las reuniones adecuadas. Así atrajo la atención de todos.

«Un aspecto admirable de Kusama, nunca visto antes, fue esa vehemente actitud publicitaria, ese férreo control sobre su imagen y la voluntad de expandirla convirtiéndose en un agente provocador, apoyándose en su look y también en lo que ahora llamamos networking: trataba de conocer a todo el mundo, manejaba sus contactos. En eso inspiró a más de una generación de artistas», explica Frances Morris, jefa de colecciones de arte internacional en la Tate Modern londinense y comisaria de la última gran retrospectiva sobre la artista, vista en Londres, Madrid, Buenos Aires y, actualmente, en São Paulo.

Lo cierto es que, en los casi 15 años que permaneció allí, Kusama se ganó duramente un estatus: definió su pintura abstracta a partir de infinitas redes de lunares (que asociaba con el sol, la luna, la tierra y el ser), imbricó escultura y pintura en sus series de Acumulaciones, con esos reconocibles furúnculos como eje, y fue también pionera ejecutando pinturas como una actividad preformativa. Incluso tanteó el cine experimental. Y creó su propia marca de moda. Su frenética actividad no conocía límites.

Yayoi Kusama

Atmósfera para Louis Vuitton en Nueva York (2012).

Foto: Cordon Press

El «‘look’ Kusama» se hizo oficial. Dentro de ese universo totalizador y envolvente que la artista quería crear, el interés de Kusama por la moda, por su apariencia, lo que ya se ha denominado oficialmente el «look Kusama», surgió de una forma necesaria. «Era una extensión natural de su trabajo performativo, un paso obligatorio para ese universo cerrado y propio que quería inventar», afirma Agustín Pérez Rubio, recién nombrado director artístico del MALBA de Buenos Aires, que acogió el pasado año su exposición. Ella registró su marca, Kusama Fashion Company Ltd, en 1968. A través de ésta comenzó a producir textiles estampados y también su propia ropa. Llegó a tener uncorner en los almacenes Bloomingdale’s. «Pero su efecto en la moda en aquel momento fue nulo. Los que marcaron un antes y un después eran gente como Mary Quant o los diseñadores de la tienda neoyorquina Paraphernalia. Kusama fue quizá una anécdota en aquel contexto», establece la periodista y experta en moda Silvia Alexandrowitch. Efectivamente, su principal clienta era ella misma. A medida que sus acciones e instalaciones se volvían más ambiciosas, su imagen también adquiría más importancia. «Kusama controlaba los shootings para registrar sus piezas, articulándolos como auténticas sesiones de fotos y siendo muy consciente del resultado final», precisa Morris. Entre su variada producción, y gracias a la eclosión del movimiento hippie, al que rápidamente se sumó (sus redes de lunares alucinatorias tenían efectivamente mucho que ver con la psicodelia), la japonesa empezó a crear ropas en las que estos enfatizaban zonas antes concebidas como tabú: pechos y genitales.

Yayoi Kusama

Zapato de la colección Monogram Vernis de Yayoi Kusama para Louis Vuitton.

Foto: Cortesía de Louis Vuitton

De la mano de sus performances y happenings, en la que ella y sus colaboradores eran los protagonistas, su trabajo en moda se amplió. En 1968, su acción a favor del matrimonio gay,Homosexual Wedding, la obligó a crear complicadas piezas de diseño: aplicó a la ropa los principios de sus Acumulaciones, creando un orgiástico vestido de boda para ser llevado por dos personas a la vez, donde sus furuncu-falos lo invadían todo. Y, claro, estos saltaron a blusas y zapatos. Siguió experimentando, como otros artistas coetáneos, tipo Franz Erhard Walther, con estas prendas colaborativas: amplias piezas textiles que había que vestir en grupo y que facilitaban cierta intimidad sensual (cuando no estaban directamente vinculadas al amor libre). Hoy resulta obvia también su condición de precursora del feminismo y de la liberación sexual de la mujer, y sus postulados siguen vigentes en movimientos propios de este siglo, como el posporno.

Sube el color. Usando la fotografía como en las revistas de moda e incorporando cada vez más a susperformances acciones cercanas a lo que podía ser una pasarela, un desfile, fue transformando su estilo en función de su trabajo plástico, alternando aquellos primeros quimonos con monos ultraceñidos de un único color, como ese de un intenso rojo que llevaba cuando se fotografió con una de sus obras más significativas, Infinity Mirror: Phalli’s Field (1965), una habitación de espejos infinitos con el suelo cubierto de pseudofalos tentaculares con lunares rojos sobre blanco, que perfilaría definitivamente su universo. Esta tónica se mantiene hoy: creaciones recientes como sus vistosas calabazas moteadas han traído aparejadas vestidos amplios que reproducen la piel de puntos de estas esculturas y que ella misma viste.

A nadie le pasó desapercibido el quimono plateado que llevó en 1966, cuando fue invitada a participar en la Bienal de Venecia con una instalación de bolas plateadas sobre la hierba, Narcissus Garden, que deslumbró al mundo. Estaba en el cenit de su carrera. Pero estos años de actividad febril también se vieron marcados por otras constantes vitales que la llevarían hacia la marginación posterior: crisis de ansiedad y agotamiento, una precariedad económica absoluta que se convirtió en obsesión, relaciones románticas pero sin sexo con multitud de hombres, generalmente mecenas o artistas como Joseph Cornell, y sobre todo claras señas de un incremento de su trastorno obsesivo-compulsivo, que como toda su obra parte de un terrible trauma infantil: de niña, su madre la obligaba a espiar las infidelidades de su progenitor con las geishas del lugar, para relatárselas con detalle después. La ansiedad y alucinaciones que le provocó esto son el origen de sus lunares.

Yayoi Kusama

Sus obras más recientes, como Once the Abominable War is Over, Happiness Fills our Hearts (Cuando la abominable guerra termina, la felicidad invade nuestros corazones, 2010) no renuncian a la reivindicación.

Foto: Cortesía del Instituto Tomie Ohtake, Sâo Paulo

A la muerte de Cornell, fiel amigo, apoyo y sustento, en 1972, Kusama abandonó definitivamente Nueva York. Ella acusa a su psiquiatra, freudiano, de agravar su estado mental. En Tokio, con una terapia basada en potenciar su creatividad («Si no fuera por el arte, me habría matado hace mucho tiempo», ha reconocido en multitud de ocasiones), siguió trabajando en obras más introspectivas: retomó la pintura y comenzó a publicar poemas y novelas, como Manhattan Suicide Addict (1977). Hoy, a sus 85 años, Yayoi Kusama aún sigue viviendo en el sanatorio mental Siwa, en el barrio de Shinyoku, donde ingresó por voluntad propia en 1974.

Su nombre cayó en un olvido en Occidente sin su acuciante presencia para defenderlo. No en Japón: cuando en 1993 fue invitada de nuevo a la Bienal de Venecia como representante de su país, el mundo la redescubrió. Comenzaron a gestarse nuevas y gigantescas exposiciones. Con ellas, llegaron premios internacionales como la Orden de las Artes y las Letras francesa o la del Sol Naciente en Japón. Y entonces apareció Marc Jacobs, conmovido por el carácter obsesivo y la inocencia de su arte, quien la visitó en su estudio en 2006. El diseñador, director artístico de Louis Vuitton en aquel momento, tenía una propuesta que hacerle. «Jacobs es un hombre muy astuto, no un creador en el sentido antiguo del término, sino un gran estilista: un hombre esponja que se inspira y aprovecha todo lo que le rodea», matiza Alexandrowitch. «Si a esto unimos que la marca de lujo por excelencia tenía en los nuevos ricos orientales –rusos y asiáticos– un mercado cada vez más suculento e importante, pocas dudas caben de los motivos para que le ofreciera una colaboración a la artista, como antes ya había hecho con Takashi Murakami».

Su colección de vestuario, zapatos, accesorios, relojes y joyas para Louis Vuitton fue un éxito –sobre todo en Oriente– e incorporó a la artista a la iconosfera mundial, volviéndola reconocible no solo a la élite del arte, sino también a la gran masa universal de interesados por la moda. Kusama se convirtió en el icono inclasificable que es hoy. «El reconocimiento de los últimos años no es una moda pasajera», afirma Pérez Rubio. «Se la olvidó porque el sistema del arte entonces era claramente patriarcal, anglosajón o eurocentrista. Ella era mujer y oriental, de la periferia. Y tenía problemas mentales. Pero la foto oficial no está completa sin ella. Se la ha recuperado para que se quede: para que forme parte definitiva de la historia del arte».