Debates en torno a la maternidad

La tendencia a no tener hijos va en aumento, pero no está claro si es producto de las consecuencias que acarrea ser madre, o una decisión libre.

En la página anterior, ‘Ayer’ (1930), del tríptico de Man Ray ‘Ayer, Mañana, Hoy’. Un posible homenaje en femenino a las medidas perfectas del ‘Hombre de Vitruvio’, de Leonardo da Vinci. / Man Ray (Corbis)

No tener hijos por decisión propia se ha convertido en una opción cada vez más extendida en Occidente. Muchas mujeres prefieren centrarse en su vida personal y profesional que afrontar lo que acarrea ser madre. En Estados Unidos, uno de los países en los que más ha crecido esta tendencia, una de cada cinco mujeres supera la edad fértil sin haber tenido descendencia (en los años setenta eran una de cada diez), ya sea por motivos socioeconómicos, circunstanciales (no haber encontrado la pareja idónea) o problemas de fertilidad. En Europa, donde la tendencia sigue el mismo camino, destaca Alemania, con uno de los mayores porcentajes de no madres del mundo. Los defensores de una vida sin hijos reivindican con orgullo su elección. Pero la presión de la sociedad para que los tengan se mantiene.

Melanie Notkin lidia con ello a diario. Su libro The Otherhood, el término que la autora norteamericana ha acuñado para referirse a “las otras mujeres”, es un grito que describe la realidad de miles de treintañeras que, como ella, se enfrentan a la misma pregunta de amigos, familiares, compañeros de trabajo y hasta extraños: ¿cuándo van a ser madres? Notkin decidió narrar la verdad de las mujeres sin hijos hace tres años, cuando empezó a colaborar con The Huffington Post. “Muchas personas te dicen que puedes tenerlos sola”, explica desde Nueva York, “que eres demasiado exigente… pero la solución no es tan fácil”. Las mujeres que deciden no ser madres son más de las que parece, no se sienten representadas y, como Notkin, han decidido alzar la voz en libros, en documentales, en Internet.

Los defensores de una vida sin hijos reivindican con orgullo su elección. Pero la presión de la sociedad para que los tengan se mantiene

En Estados Unidos este debate se ha hecho más público que en Europa. “Si tuviera hijos, me odiarían”, ha declarado la presentadora estadounidense Oprah Winfrey, de 60 años. “No tengo hijos, pero mi vida ha sido satisfactoria. También lo habría sido con hijos”, ha dicho Condoleezza Rice, exsecretaria de Estado con George W. Bush, también de 60 años. En el ensayo No quiero hijos. ¿Estoy loca? ¿Por qué nadie me deja en paz?, la bloguera norteamericana Gala Darling defendió que “hay otras cosas que quiere hacer con su vida” y que la única parte incómoda es cuando aquellos que escuchan su respuesta actúan como si la conocieran mejor que ella misma. Darling apunta a las dos claves de este asunto: “La sociedad espera que las mujeres tengan hijos (…). Pero también es una cuestión de respeto; cuando dices que no quieres tenerlos, ese debería ser el fin de la conversación”.

La realidad es que rara vez acaba ahí. Afecta a las mujeres que saben que nunca serán madres y a las que esperan serlo un día que aún no ha llegado. Tabitha, autora del blog Geektastic, denunció, como muchas otras blogueras, la intromisión que siente cuando le preguntan por qué no tiene hijos. “Cuando seas madre lo entenderás” o “Seguro que cambias de opinión” son algunas de las respuestas habituales. “Puede que no sea su intención, pero cuando contestan que cambiaré de idea, me están diciendo que mi elección no es válida, y ese no es el caso”. Otras veces los comentarios llegan sin invitación. Beth Lapides se encontraba en el fisioterapeuta cuando, al hacer un gesto de dolor, le contestó: “No aguantas nada, mejor que nunca tengas hijos”. En su ensayo, recopilado en el libro No es broma, escritoras que se saltan la maternidad, Lapides se pregunta incluso si tal afirmación es legal.

‘Mañana’ (1931), del tríptico ‘Ayer, Mañana, Hoy’. / Man Ray (Corbis)

Notkin explica que, a través de su propia experiencia y de los datos recabados para el libro, entendió que cada vez más mujeres mayores de 35 años no tienen hijos no solo por decisión propia, sino por circunstancias. “Quieren hacer lo que sea correcto para ellas”, comenta. “Son modernas, libres, independientes y también quieren tener hijos, pero son una mayoría silenciosa”. Una investigación dirigida por Catherine Hakim, una científica social británica, realizada en 25 países concluye que la decisión de no tener hijos de forma voluntaria suele ser mayor entre los hombres que entre las mujeres. Sumando los dos géneros, asegura que menos del 10% de las personas que descartan ser padres lo han hecho por decisión propia.

Entre las mujeres estadounidenses de 40 a 44 años, un 18% no han sido madres, frente al 10% de 1976 (1,9 millones de mujeres frente a 580.000), según el Centro Pew de Investigaciones. Esta tendencia es similar en España (un 18,1% de las mujeres entre 40 y 44 no tienen hijos), Francia (20,6%), Finlandia (28,8%) y Alemania (tiene el récord: 33,6%), según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Es muy difícil distinguir en las estadísticas quiénes no son madres por elección. “La ausencia de hijos parece estar relacionada con la formación”, según la OCDE. Por ejemplo, en Suiza, cerca del 21% de las mujeres de 40 años no tienen hijos, pero esta proporción se incrementa hasta el 40% en el caso de las que han cursado estudios superiores. En su libro Las mujeres sin sombra o la deuda imposible. La decisión de no ser madre, la psiquiatra francesa Geneviève Serre ha identificado el perfil de quien se inclina por esta opción con el de una licenciada, ejecutiva y urbana.

Para las mujeres que temen arrepentirse, o que simplemente quieren aplazar su embarazo, la ciencia ha puesto a su disposición la congelación de óvulos. Las firmas de abogados fueron las primeras en ofrecer esta técnica en su cartera de beneficios salariales, junto a los cheques restaurante y el seguro médico. Cuando recientemente salió a la luz que también lo habían hecho las compañías Apple y Facebook, el tema generó una gran polémica. Los defensores de esta iniciativa consideran que cubre una necesidad cada vez más extendida entre la plantilla femenina por decisión propia. Para sus críticos, se trata de una forma indirecta de presionar a las empleadas para que no tengan hijos en lugar de facilitar medidas de conciliación que faciliten compatibilizar carrera y maternidad.

“Todavía se asume que las personas van a ser más felices si tienen hijos. Ahora mismo los niños son un lujo, una elección”, afirma Laura Scott

“Necesitamos redefinir el concepto de familia y reconocer que las mujeres tienen valor más allá de su capacidad para traer niños al mundo”, denuncia Laura Scott, que creó en 2003 Childless by Choice, un proyecto para investigar por qué aumentaba el número de mujeres que como ella, decidieron no ser madres. Ella y Notkin coinciden en que la mayoría de las mujeres esperan ser madres entre los 25 y 35 años, pero por circunstancias se ven obligadas a aplazarlo y cuando llegan a los 45 años ya no quieren. “Otras, por el contrario, lo habrán decidido deliberadamente desde mucho antes”, dice Scott.

“La educación es un factor determinante, pero también la economía”, asegura, en referencia a la deuda que contraen muchas universitarias para sufragar sus estudios. Notkin coincide en que la situación actual es el resultado de que las mujeres están utilizando opciones variadas y no solo las que se esperaba de ellas. Asegura que en la conversación actual que miles de mujeres mantienen a través de blogs, foros o libros, puede parecer “más feminista” decir que no tienes niños, como si fuera la decisión más auténtica, cuando en realidad se trata de un proceso más complejo.

Tener o no tener hijos está menos asociado con la identidad femenina ahora que hace 50 años, se entiende que no es el destino de las mujeres, sino una combinación de factores, pero eso no significa que la sociedad en general y la estadounidense en particular, profundamente arraigada en valores tradicionales, hayan evolucionado al mismo ritmo que millones de mujeres. “Todavía se asume que las personas van a ser más felices si tienen hijos”, lamenta Scott. “Debemos deshacernos de la noción de que los niños son inversiones económicas de futuro, ahora mismo son un lujo, una elección”.

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