Tecnología: la informática íntima

ImagenCon frecuencia me pregunto cómo podíamos vivir hace un par de décadas sin internet. Esta herramienta es tal vez la transformación más impactante de la sociedad contemporánea y apenas está comenzando.

Ante nosotros se vislumbran novedosas formas de colaboración e interacción cuyas características generales se adivinan tal vez en el hecho de que los teléfonos inteligentes, que con más frecuencia encontramos en más bolsillos, son más potentes que la mayor parte de las computadoras de hace diez años.

El ritmo de estos cambios es algo sin precedentes. La televisión y la radio nos acompañan desde hace más de un siglo; la imprenta, desde hace más de quinientos años. En cambio, han pasado más o menos dos décadas entre el lanzamiento del primer sistema comercial de telefonía móvil y la existencia de más de mil millones de cuentas activas.

Todo esto conlleva información nueva sobre el mundo, en cantidades nunca antes vistas: información sobres quiénes somos, qué hacemos y cómo somos. ¿Qué uso debemos darle a esta información? Y, lo que es igual de importante, ¿qué uso están dándole ya los gobiernos, las grandes empresas, los activistas, delincuentes, las fuerzas de seguridad y los creadores? El conocimiento y el poder siempre han estado estrechamente relacionados. Hoy en día, sin embargo, la información y la infraestructura por la que fluye no solo representa al poder, sino también a una nueva clase de agente económico y social.

De acuerdo con el análisis que hacen algunos autores acerca del mundo digital, estamos adentrándonos en un terreno en el que la naturaleza humana no cambia, pero cuyas estructuras nos son ajenas. El mundo digital actual no es simplemente una idea o un conjunto de herramientas, así como un dispositivo digital no es solo algo que encendamos únicamente por diversión o placer. Por el contrario, para un número cada vez mayor de personas, es un portal a un lugar en que el entretenimiento y el trabajo están igualmente arraigados, un ámbito en el que conciliamos sin problemas amistades, medios, negocios, compras, investigación, política y finanzas entre muchas otras cosas.

Desde los setenta, nuestras máquinas son cada vez más potentes, están más interconectadas y resultan más fáciles de usar. Pero más importante que la potencia es la experiencia que dichas máquinas nos proporcionan. En este aspecto, la gran revolución apenas está empezando, pues esta especie de informática personal, entendida como tener un computador de mesa o uno portátil en una bolsa, está dando paso a algo distinto: tener un teléfono inteligente en la mano o una tableta en la mesa encendido y conectados a la red en todo momento.

Concuerdo con quienes piensan que estamos inmersos en un proceso que nos lleva de la informática personal a lo que han llamado “informática íntima”, que no es más que un nuevo nivel de integración entre la tecnología digital y la vida. Tanto en lugares públicos como en la intimidad de los hogares, la gente maneja los dispositivos digitales personales con una dedicación y una frecuencia que en otro tiempo reservaban para la pareja o la mascota favorita. Para una generación de lo que se ha dado en llamar “nativos digitales” un teléfono móvil es lo primero que tocan cuando despiertan por la mañana y lo último que tocan cuando se acuestan por la noche.

3 comentarios en “Tecnología: la informática íntima

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